lunes, 25 de agosto de 2014

Como mínimo, amantes

Nunca he conseguido actualizar este blog con regularidad; sólo he llegado a valerme de él como speaker’s corner desde el que proclamar mis desahogos esporádicos, o exhibir mi diletantismo ocasional, ante la mirada curiosa de dos o tres viandantes extraviados. Hoy, para compensar,  voy a publicar el segundo post en horas veinticuatro (aquí, el primero), y sobre el mismo tema: las luchas intestinas de “los pequeños”. Más específicamente de UPyD: lo que pase en Vox me resulta, desde el respeto, inevitablemente lejano, al no ser votante, ni simpatizante ni militante de tal formación.

Pero lo de upidé sí me hace pupa. Sigo creyendo que su voz, tantas veces discordante, hace falta. Rosa Díez, como líder política de este país, hace falta, al margen de que lleve el maillot rojo, azul o magenta. Hizo, en su momento, lo que nadie había hecho en décadas: sacudir la política patria, harta de componendas y pactos de silencio. Desbrozó el camino que ahora los anticasta quieren transitar, dándoselas de pioneros no sé de qué. Se rodeó de un grupo de gente que supo acumular méritos. Pero lo logrado es frágil. UPyD sigue sin tener un arraigo que garantice su pervivencia a medio plazo, y su ejemplaridad –también en las formas –es, además de un principio fundacional de la casa, una condición de supervivencia. Todo puede irse al garete en un instante de ofuscación, apenas un episodio de incontinencia verbal –ego, al fin y al cabo –. No voy a entrar en quién tiene razón, en quién es más bocazas o más “mezquino”. Este formato de carta abierta como método para discutir las cosas es en sí mismo una torpeza. A mí me recuerda a las notitas sobadas que circulaban por las aulas de la época pre-whatsapp: cuando llegaban al destinatario, ya todos sabían que Edu estaba por Carla, y lo que era cosa de dos había pasado de forma irrevocable al dominio público. Creo que para este intercambio tan poco edificante, podían haber elegido otra fórmula en casa Díez. La del reto del cubo helado, ya puestos.

No estoy por principio en contra de que un eurodiputado manifieste su visión en público, aunque sea una visión discrepante con la postura oficial de su formación. Me parece saludable si se hace con lealtad. En este caso, la lealtad implica plantear las cosas, primero, donde se tienen que plantear: de puertas para adentro. Si la propuesta no cuaja, queda expedito el camino de la opinión pública: señores, yo estoy por esto, pero en mi casa no me paran bola. Es ni más ni menos lo que ha hecho Sosa. Cierto que podía haberse ahorrado el obiter dictum de las “prácticas autoritarias” que anidan en el seno de UPyD: paloma negra de los excesos.

La respuesta de Lozano es fundamentalmente ad hominem y entra poco en el fondo del debate. En lo que nos importa, se agarra inverosímilmente a un punto de la Ponencia Política, el 1.4.1, que dice “UPyD será lo mismo en Cataluña que en el resto de España”. Que me jodan si lo entiendo, que dirían en mi pueblo. ¿De verdad se supone que eso es un rechazo explícito de la militancia a un pacto con Ciudadanos en el marco de unas municipales? Lo leo, lo releo y me quedo como estaba. Como mucho, eso puede interpretarse como una negativa a ir en Cataluña con un esquema similar al de PP-UPN, o PSOE-PSC (muy lógico, por otro lado: basándonos en los precedentes, es una fórmula que sólo parece traer problemas). Pero parece que las dotes hermenéuticas de algunos van mucho más allá. Tanto, que podrían directamente prescindir de texto que interpretar: su sentido arácnido ya les avisa de lo que quiere la militancia en cada momento.

Pero yo sí quiero entrar en el fondo del debate. Ciudadanos es lo mismo que UPyD. Repito: lo mismo. Como mínimo, deberían ser amantes. Los denodados esfuerzos de Gorriarán el Amable por convencernos de que ambas formaciones son casi como el agua y el aceite no soslayan la realidad fundamental: el votante objetivo de ambas es el mismo. A quien le guste más la cañita brava –el estilo más Robespierre de Díaz –votará a upidé. El que sea más de waterpolistas en paños menores, votará a Rivera. Por eso es una torpeza –otra más—intentar sacar ahora los colores, como hace Gorri, a quienes serían magníficos compañeros de viaje. ¿Qué no tienen postura definida en muchos temas que en UPyD tienen clarísimos? Estupendo: una magnífica ocasión para que se sumen a la postura de UPyD. ¿Que han pactado con partidos afectados por casos de corrupción? Y… ¿qué piensa hacer UPyD, exactamente? ¿No pactar con nadie, nunca? ¿Pactar sólo con Podemos, a quienes aún no les ha dado tiempo a corromperse? Por favor. Puedo estar muy de acuerdo en que UPyD ha mimado más los aspectos orgánicos de su acción política, pero eso no puede derivar en ombliguismo ensimismado, en encariñamiento estéril con el propio modo de ser. Si queréis luchar por lo que realmente importa, dejad de hablar de cosas que no importan a nadie.

Los ciudadanos no han votado a UPyD para que sus dirigentes se sientan excelentes personas, y sean contemplados ahí, en su hornacina, como un modelo de pureza inmaculada. Tampoco los han votado para que diseñen una máquina perfecta de representación interna, un ajustado, ejemplar y transparentísimo artefacto político pero, eso sí, de puertas para adentro. No, por Dios. Estáis en ese escaño porque vuestros votantes queremos que lleguéis al poder y a las instituciones. Por supuesto que no queremos que lo hagáis a cualquier precio. Pero nuestras exigencias se resumen en que actuéis, en cada caso, con honestidad y transparencia. Si por el camino encontráis a alguien que tiene la misma aspiración, no les exijáis que su conducta, desde el comienzo del mundo hasta ahora, haya sido irreprochable. Ayudadles a que lo sea en el futuro, y sumad fuerzas con ellos. Haced juntos el camino.

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Por cierto, mirando cómo se escribía Robespierre en Google me he topado con la noticia de que Irene Lozano ya ha pedido disculpas por su carta. Bien hecho, Irene, me congratulo. Qué lástima que haya sido con la boca pequeña y, sobre todo, que haya sido a posteriori: cuando actúas ante las candilejas de lo público, no se cumple lo de “mejor pedir perdón que pedir permiso”. Muchos son testigo de la metedura de pata, pero el día en que rectificas a lo mejor ya ha empezado la Liga.

domingo, 24 de agosto de 2014

Casa de muñecas

El verano se nos va desmembrando a cada tarde, como el país. Vuelvo a Pla en verano y Pla –que no era, desde luego, inclinado a la insensatez –da con la clave: cuando habla de “país” lo hace casi siempre en el sentido regional, casi doméstico que ha pervivido en las lenguas del romance, il paese, le pays que nous habitons, una palabra chica con que la mayoría de las veces denota al Ampurdán. Lo otro, para Pla –la Patria, con letras de molde –era retórica de camarilla. Es la clave, digo, para vivir muchos años sin úlceras ni insomnios ni más incordios que el garbí y en su defecto la tramontana, su importantísimo y decisivo influjo en la idiosincrasia del payés.

Mi país estival es un retal mínimo, el fulgor esmeralda de unos cuantos naranjos encajados entre la oscura pirámide del Mongó y la proa desafiante del cabo La Nao. Fuera de Jávea, la vorágine del verano levantino, Gandía Shore. Otro planeta. Dentro, el milagro pausado de la luz, las láminas del sol gelatinoso sobre el mar, el cortinaje espeso de la noche, confección de silencio y madreselva. Pero hasta aquí llegan los ecos del naufragio cotidiano al que se han sumado ahora los partidos de la tercera vía, con su empeño casi tierno en regenerarnos querámoslo o no. UPyD y Vox han montado una algarabía pequeña, como de casa de muñecas o kindergarten a la hora del biberón. Cuando apenas hay poder en juego, cuando el riego de tocar bola es remoto e hipotético, los contendientes se intercambian estocadas de florete sin más consecuencias; casi como una demostración de destreza discursiva. Pero hay que reconocer que Vox, quién iba a decirlo, tiene condiciones para la opereta, y nos la han servido jugosa y breve en las carnes de la Seguí, esa ninfa levantina y entrañablemente amateur siempre presta a dar el cante. Dicen que es la musa de la ultraderecha –en España el prefijo ultra lo espolvoreamos con gran liberalidad sobre todo tipo de guisos políticos --; una musa-niña algo turbadora, con el guion de las ursulinas bien aprendido y la mirada violeta de una Liz Taylor agraz y magra de cardio-box.

Un sainete que poco tiene que ver con el auto sacramental de casa Díez, donde manejan un registro dramático totalmente distinto. En las tribulaciones es donde se ve el estilo de cada cual, como recuerda la célebre cita de Tolstoi: todas las familias felices se parecen, pero las infelices lo son cada una a su manera. Nada de frivolidad, de celebración vital y desbordamiento berlusconiano. Nada de musas báquicas ni hijos enchufados. En upidé son plúmbeos, complutenses, muy de citar puntos de estatutos que a nadie importan y resoluciones de remotos conciliábulos. Como mucho gastan una ironía monocorde y diligente, como de catedrático de Administrativo. Cuando la cámara te quiere, se dice telegenia. Cuando te odia, Gorriarán. UPyD nos quiere reformar por el camino del rigor orgánico, pero el rigor orgánico es algo que no se la puede traer más al pairo al ciudadano. Se han echado encima del de la pajarita por un quítame allá esas pajas; ésa es la percepción del votante medio. A golpe de tuit, Gorriarán se enfanga en agónicas explicaciones que de nada sirven, se enfurece y echa humo dialéctico por las orejas. Todo en vano, porque la grey ha zapeado ya hace rato, ya estamos pendientes de un capítulo atrasado de Conexión Samanta. Cómo van a arreglar el país, si no se arreglan ni ellos.